
El 18 de enero fue de los días más fríos y lluviosos de este invierno, pero el clima no fue impedimento para que los cientos de fans del rock madrileño llegaramos al C4 Concert House para el conceirto de Leiva.
El tour GIGANTE, por fin llegaba a tierras tapatías, y no había mejor forma de refugiarse y escapar de un día gris que escuchar los primeros acordes de "Bajo Presión". El contraste fue inmediato para todos: en las calles de la ciudad el frío, adentro un calor que solo reconfortante de las letras de Leiva.
Fotografía: Alan Navarro
La conexión Leiva y el público tapatío era más que evidente. En repetidas ocasiones, todos coreabamos: "¡Oe, oe, oe, Leiva, Leiva!". Como un grito de agradecimiento, hacia la gran noche que estabamos viviendo, lo cual dejó a Leiva visiblemente emocionado ante la entrega de una ciudad que vive cada una de sus canciones.

Fotografía: Alan Navarro
El setlist fue excelente, con las canciones que todos esperabamos cantar ya sea para dedicar a la persona al lado, para recordar a alguien o simplemente para hacer catarsis. Uno de los mejores momentos llegó con "Terriblemente cruel"; ver a todo el C4, dejando el alma en cada palabra fue, personalmente, fue definitivamente mi parte favorita. Poco después, el sentimiento se apoderó de todos con "No te preocupes por mí", otra de las canciones más queridas.
Para el final, Leiva guardó lo mejor. La elegancia de "Lady Madrid" nos hizo olvidar por un momento el día gris que habíamos vivido, mientras que "Caída Libre" nos recordó que la vulnerabiliad es necesaria para trascender.

Fotografía: Alan Navarro
La noche no podía cerrar de otra manera que con "Como si fueras a morir mañana". Fue el cierre perfecto y necesario: un himno que nos recordó que, a pesar del clima gris por la lluvia o por la vida, vivir como si fueramos a morir mañana es lo mejor que podemos hacer.
Leiva se despidió de una Guadalajara, afuera seguía el frío invierno pero íbamos con el corazón encendido. Una noche gigante que demostró que, cuando la música y las emociones son honestas, no hay lluvia ni frío que pueda apagarnos.