
Escuchar The Emptiness en vivo de inicio a fin es toda una experiencia que remonta a otro contexto que hoy no está presente, al menos no de la misma forma. Las pulseras negras con fluorescente, el fleco lacio en la cara, piercings, vans, metroflog y una variedad más marcaban tendencia; mientras bandas como Alesana se hacían espacio entre adolescentes.

Fue un concierto que se disfrutó bastante, sobre todo si viviste esa época full emo y no tuviste la oportunidad de verlos en vivo alguna vez. Shawn Milke y Dennis Lee destacan en la interpretación, con una teatralidad característica que te invita a gritar canciones como The Thespian, en la que el recuerdo explota desde el primer acorde y la misma banda lo disfruta, haciendo un contraste entre Patrick Thompson que salta y gira de un lado a otro del escenario, y Shane Crump, estoico en el bajo con la mirada clavada al público.
El intermedio entre las canciones es algo que no terminó de convencer, ya que en ausencia de una voz femenina y al reproducir el fragmento del álbum por las bocinas no se siente como una parte integrada en el show, a diferencia de las secciones instrumentales dentro de las canciones, que se vuelven una pausa apoteósica para volver a reventar en un coro.
Es cierto que se nota que los años han pasado, pero no resta mérito a que Alesana deja toda la energía en cada canción. Las guitarras siguen teniendo su esencia y los guturales despiertan el instinto de armar un slam. Cada parte del álbum es un viaje, un impacto directo de nostalgia y un envión de adrenalina que da para terminar coreando a todo pulmón éxitos, que no son parte del álbum pero son himnos, como Apology.

