
Hay algo medio injusto en escuchar canciones de amor cuando eres demasiado joven: te las aprendes completas, las cantas como si te hubiera pasado todo lo que dicen y, en realidad, no tienes idea de lo que estás hablando. Luego creces, vuelves a escuchar esa misma canción y piensas: ah… con razón. Con Alejandro Sanz pasa muchísimo, porque varias generaciones crecimos escuchando “Corazón partío”, “Amiga mía” o “Y, ¿si fuera ella?” mucho antes de tener el corazón lo suficientemente maltratado como para entender realmente de qué estaba hablando ese señor.

Alejandro Sanz lleva décadas escribiendo sobre el amor, pero rara vez desde ese lugar bonito, sencillo y perfectamente correspondido. Sus canciones suelen quedarse en terrenos bastante más incómodos: querer a alguien que quiere a otra persona, no saber cómo soltar una relación, extrañar, aferrarse, aceptar que algo terminó o intentar entender qué haces con todo lo que todavía sientes cuando la otra persona ya se fue. En 1997 llegó Más y muchas de esas emociones terminaron convertidas en algunas de las canciones más reconocibles de su carrera. “Corazón partío” se volvió prácticamente imposible de separar del pop en español de finales de los noventa, mientras que “Amiga mía” y “Y, ¿si fuera ella?” mostraban algo que terminaría siendo muy suyo: Alejandro Sanz nunca ha tenido demasiado interés en decir las cosas de la manera más sencilla posible.
Sus letras se enredan, parecen conversaciones o pensamientos que alguien comenzó a escribir antes de terminar de ordenarlos. Cambian de dirección, acumulan imágenes y juegan con las palabras hasta dejar frases que quizá fuera de la canción resultarían extrañas, pero dentro de ella funcionan. Musicalmente ocurre algo parecido. Aunque normalmente colocamos a Sanz dentro del pop, su música nunca se ha quedado completamente ahí; la influencia del flamenco atraviesa buena parte de su obra y con los años ha convivido con el rock, la balada y distintos sonidos latinos sin borrar esa forma tan reconocible que tiene de construir una canción.
Por eso volver a escucharlo casi treinta años después de Más también resulta curioso. Las canciones siguen siendo las mismas, nosotros no. La persona que escuchaba “Amiga mía” en la radio quizá solamente sabía que era una canción triste; quien la escucha veinte o treinta años después probablemente ya conoció lo que significa querer a alguien que está mirando hacia otro lado. “Corazón partío” dejó de ser únicamente esa canción que sonaba absolutamente en todos lados para convertirse, para muchos, en algo bastante más personal. Esa es una de las cosas bonitas de crecer acompañado de música: algunas canciones parecen cambiar con nosotros cuando, en realidad, llevaban años esperando a que tuviéramos las experiencias necesarias para entenderlas.

Ahora Alejandro Sanz se encuentra en otra etapa de su carrera con ¿Y Ahora Qué?, proyecto que también da nombre a la gira que lo traerá nuevamente a México. Guadalajara forma parte del recorrido y la cita será el 3 de octubre en el Coliseo GNP Seguros (antes el estadio 3 de marzo) un escenario donde se encontrarán canciones de su etapa actual con una discografía que lleva décadas acompañando a su público.
Y seguramente ahí estará una de las partes más interesantes de verlo en vivo en 2026: escuchar una canción que conoces desde hace veinte o treinta años desde un lugar completamente distinto al de la primera vez. Habrá quienes la escucharon de niños, quienes la dedicaron estando enamorados, quienes terminaron asociándola con una ruptura y quienes probablemente descubran esa noche que aquella canción que llevan media vida cantando, finalmente, les hizo sentido.