El viernes 24 de abril caí a Cuerda Cultura con un estado de déjà vu emocional: como si aquel niño que en las actividades de la iglesia parodiaba canciones populares del momento cambiandole las letras ya hubiera aprendido a pagar cover, pedir cerveza a sobreprecio y fingir que ya no le importa tanto la música… aunque claramente sí.