
A veces el algoritmo te arroja canciones como si fueran folletos de supermercado: brillantes, ruidosas y olvidables. “Trepando Cielos”, en cambio, aparece más bien como una nota escrita en una servilleta después del tercer café.
El argentino Daniel Sartoris abre la pieza con una guitarra acústica que lleva el timón sin prisa, marcando un compás lento que avanza con calma, como quien sabe que no necesita correr para llegar a ningún lado. No hay producción hipertrofiada. Solo madera, cuerdas y un aire bohemio que fácilmente podría colarse en la bocina de una cafetería de barrio o en el acto abridor de un bar dedicado al rock en español, cuando el público todavía está pidiendo la primera ronda.
La voz —que por momentos evoca al timbre de León Larregui— flota sobre la canción con cierta melancolía tranquila, como si estuviera pensando en voz alta mientras la guitarra sostiene la escalera.La pieza es breve, dice lo que tiene que decir, se sacude el polvo y se va.
Y cuando termina, te quedas con la sospecha de que tal vez la canción no estaba intentando trepar ningún cielo… solo encontrar un lugar tranquilo donde quedarse un rato.