El ritual comenzó como siempre: citados temprano para cumplir con la vieja y noble tradición de hacerte esperar en la calle más de una hora, viendo cómo el tiempo se diluye con la certeza de que nadie aprende nada en esta escena. El Rooftop todavía no estaba a tope, pero la convocatoria era buena: caras conocidas, camisetas negras y ese aire de “hoy sí duele, pero vale la pena”.